Una de las arterias más extensas y transitadas de Paraná, vía principal de acceso a la ciudad desde el este, rinde tributo al célebre poeta que en 1915 fue recibido con encendidos homenajes. Pedro Bonifacio Palacios, eternizado bajo el seudónimo de Almafuerte, arribó a la capital entrerriana en el marco de una gira que también incluyó un paso muy concurrido por Gualeguaychú, donde la comunidad se agolpó en el puerto para darle la bienvenida antes de su presentación en el histórico teatro local.
En territorio paranaense, durante los primeros días de mayo de aquel año, la llegada del escritor revistió matices multitudinarios. La ciudadanía aguardaba a los referentes de las letras con un fervor similar al que hoy despiertan los grandes referentes de la música o el deporte. Para ese momento, Almafuerte ya había inmortalizado piezas clave de la literatura nacional como Piu avanti y Molto piu avanti:
No te des por vencido, ni aun vencido, no te sientas esclavo, ni aun esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz, ya mal herido.
Registros de la época señalan que el autor desembarcó en el puerto local, donde fue recibido por una comisión de vecinos que lo acompañó hasta la plaza Alvear. Allí, una masa de cerca de 500 personas se sumó a la marcha hacia la plaza 1º de Mayo. En la intersección de Urquiza y Monte Caseros, agrupaciones estudiantiles montaron una tribuna improvisada para que el vate dirigiera sus primeras palabras al público.
Las crónicas de la época reflejaron la expectativa generalizada ante el arribo del denominado “cantor de la chusma”. Se anunciaba con entusiasmo la presencia de un creador insigne que, respondiendo al llamado de sus lectores, llegaba para compartir la fuerza sonora de sus versos y sus pasajes poéticos.
Por la noche, la actividad central se trasladó al Teatro 3 de Febrero. La apertura del acto estuvo a cargo del profesor Maximio S. Victoria, director de la Escuela Normal, tras lo cual el homenajeado brindó una alocución y recitó composiciones como Evangélicas, La sombra de la patria y sus renombrados Sonetos medicinales, cosechando cerrados aplausos de un auditorio colmado. En las jornadas posteriores, la agenda del escritor incluyó recorridos por diversas instituciones educativas de la ciudad.
La voz de los sectores postergados
Nacido en San Justo, provincia de Buenos Aires, en 1854, Pedro Bonifacio Palacios transitó por el periodismo, la poesía y la docencia. Proveniente de un hogar humilde y marcado por una infancia compleja, construyó un perfil caracterizado por una oratoria vehemente y disruptiva.
Su estilo, enfocado en reivindicar a las clases populares, le valió duros enfrentamientos con la intelectualidad de su tiempo. Mientras los sectores conservadores lo tildaban de superficial, el poeta cuestionaba a los círculos literarios tradicionales de la época. Tanto en sus textos periodísticos como en su producción lírica, promovió una mirada de justicia social con una impronta ético-cristiana, sosteniendo sus convicciones de forma independiente frente al contexto de la época.
El impulso docente y el reconocimiento posterior
Sin poseer títulos formales y con una formación marcadamente autodidacta, inició su labor en las aulas en zonas rurales de la pampa bonaerense, dictando clases en parajes aislados como Mercedes, Salto y Trenque Lauquen. Ante una propuesta de Domingo Faustino Sarmiento para trasladarse a la Capital Federal, declinó el ofrecimiento manifestando su vocación por permanecer en los territorios más alejados.
Hacia 1896 fue desplazado de la actividad escolar con el argumento de no contar con acreditación oficial, una medida que golpeó sus finanzas pero que impulsó su volcado definitivo al periodismo en La Plata.
Con el cambio de siglo llegó la consolidación de su obra. Tras la publicación de Lamentaciones en 1906, su legado literario se afianzó y continuó reeditándose aun después de su fallecimiento en 1917. Aunque en vida cosechó resistencias entre la crítica académica, las generaciones posteriores de la vanguardia nacional reconocieron su impronta decisiva.
El vínculo del escritor con la provincia quedó marcado en la memoria colectiva. Meses después de su partida física, las autoridades de la capital entrerriana dispusieron mediante ordenanza que la antigua traza conocida como “camino a los corrales” pasara a denominarse formalmente Avenida Almafuerte.
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