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Cosas de caudillos: la sorprendente actitud de Urquiza hacia Rosas

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Fueron enemigos en el campo de batalla, pero el entrerriano se mostró generoso con su adversario en el exilio .

Las fuerzas de oposición al ex gobernador Juan Manuel de Rosas conformaban un extraño conjunto: federales anti rosistas, unitarios, jóvenes intelectuales y autonomistas. Lejos de mantener la unidad, este grupo se dividirá en numerosos bandos políticos.

Justo José de Urquiza se instaló en la casa de Don Juan Manuel en Palermo y, como Juan Lavalle, repartió dineros públicos entre un numeroso grupo de oficiales y allegados

Don Vicente López y Planes cobró una gruesa suma y aceptó asumir como gobernador de Buenos Aires, como le recordaba Dalmacio Vélez Sarsfield al hijo del autor del himno.

“¿A que no me saca en cara que yo hubiese aconsejado que se diese a ningún hombre de mi familia 200.000 pesos como hizo usted darle a su padre con el General Urquiza?” (1)

Los incentivos de Urquiza

He aquí una pequeña parte de la lista de los que recibieron los “incentivos de Urquiza”, con dineros públicos:Gobernador Vicente López y Planes, 200.000. Teniente coronel Hilario Ascasubi, 10.000. Coronel Manuel Escalada, 100.000. General Gregorio Aráoz de La Madrid, 50.000.Coronel Bartolomé Mitre, 16.000. Gobernador de Corrientes, Benjamín Virasoro, 224.000.

Mientras tanto, Rosas se instalaba en la chacra de Burguess, cerca de Southampton, acompañado por peones y criados ingleses. En 1857, su hija Manuela y su marido, Máximo Terrero, se habían ido a Londres y él quedaba en la mayor soledad y en “la prisión de su pensamiento”.

El gobierno porteño que expulsó a Urquiza, instalado el 11 de septiembre de 1852, confiscó todos los bienes de Rosas, que dependía para vivir de lo que le enviaban sus amigos desde Buenos Aires.

Conociendo su situación, en 1858, Urquiza le ofreció su ayuda económica en esta curiosa carta: “Yo y algunos amigos de Entre Ríos estaríamos dispuestos a enviar a usted alguna suma para ayudarle a sus gastos, y le agradecería nos manifestase que aceptaría esta demostración de algunos individuos que más de una vez sirvieron a sus órdenes.

Ello no importaría otra cosa que la expresión de buenos sentimientos que le guardan los mismos que contribuyeron a su caída; pero que no olvidan la consideración que se debe al que ha hecho tan gran figura en el país, y a los servicios muy altos que le debe y que soy el primero en reconocer; servicios cuya gloria nadie puede arrebatarle, y son los que se refieren a la energía con que sostuvo los derechos de la soberanía y la independencia nacional.”

(2)Rosas volvió a dedicarse a las tareas rurales hasta su muerte, el 14 de marzo de 1877, a los 84 años.

Unos años antes había escrito: “Durante el tiempo en que presidí el gobierno de Buenos Aires, encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, con la suma del poder por la ley, goberné según mi conciencia. Soy pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como los malos.”Las circunstancias durante los años de mi administración fueron siempre extraordinarias, y no es justo que durante ellas se me juzgue como en tiempos tranquilos y serenos.

Si he podido gobernar 30 años aquel país turbulento, a cuyo frente me puse en plena anarquía y al que dejé en orden perfecto, fue porque observé esta regla de conducta: proteger a todo trance a mis amigos, hundir por cualquier medio a mis enemigos.

“Citas: 1 Carta de Dalmacio Vélez Sarsfield a Vicente Fidel López, hijo del autor del Himno, en Busaniche, Rosas visto por sus contemporáneos. Buenos Aires, Hachete, 1975. 2. Carta de Urquiza a Rosas, en Enciclopedia Argentina, Diego Abad de Santillán, Buenos Aires, TEA, 1962. 3. Ernesto Quesada, La época de Rosas, Buenos Aires, 1923.

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