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Frustrada colonia inglesa en el Palmar – Año 1825

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En 1825, una colonia inglesa tuvo su centro de edificación en la calera Barquín, ya abandonada, orientando sus actividades hacia el cultivo del trigo y su molienda. El intento era un proyecto de una compañía privada que contaba con el apoyo Bernardino Rivadavia, impulsor de varias iniciativas en vinculación con los intereses de Inglaterra. La colonización fracasó rotundamente, en tanto las familias involucradas quedaron a la deriva en el país.

La historia de la colonización inglesa comienza alrededor del año 1810 cuando empiezan a llegar inmigrantes desplazados por la mala situación europea, debido al bloqueo continental impuesto por Napoleón Bonaparte. Inglaterra cultivaba buenos vínculos con la nueva administración surgida a partir de mayo de 1810 a través de un “encargado de negocios” que se haría célebre por su conocimiento de Argentina: Wodbine Parish. Éste facilita los pedidos y negociaciones con Inglaterra.

En 1818, el siempre presente en la política porteña Bernardino Rivadavia, desde París envía al Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón un extenso informe sobre la organización de la inmigración a Buenos Aires, destacando la importancia de la tolerancia religiosa. En agosto de 1821, La Legislatura dicta una ley facultando al gobierno a impulsar la inmigración industriosa

.En 1824, se contrata con John A. Barber Beaumont la introducción de colonos británicos. En febrero de 1825, parte de Glasgow, el primer contingente de colonos ingleses enviados por Beaumont. Entre 1825 y 1826 salen de Inglaterra 4 contingentes con destino a Entre Ríos

Urquiza Almandoz explica que “si bien sus gestiones con el gobierno argentino comenzaron en 1820 —con la posterior intervención de la casa Hullet Hermanos y Compañía, agentes comerciales del gobierno de Buenos Aires en Londres— ellas tropezaron con diversos inconvenientes derivados fundamentalmente de la diferencia de criterios respecto a la concesión de tierras en propiedad. Mientras Barber Beaumont hacía sus reparos sobre la ocupación de la tierra a título precario, el ministro Rivadavia encontraba en la adjudicación perpetua del inmueble, un obstáculo de magnitud para ofrecerlo, en razón de que la tierra constituía la garantía del empréstito recientemente contraído en Londres.” Se refiere al préstamo de un millón de libras esterlinas concedido por el banco inglés Baring Brothers. “Superadas las dificultades más importantes, la River Plate Agricultural Association, presidida por Barber Beaumont, inició la empresa colonizadora. Tres contingentes llegaron al Río de la Plata, dos en 1825 y el último en 1826. Uno de ellos tenía como destino la provincia de Entre Ríos, donde la Asociación había adquirido una cierta extensión de tierra, para instalar allí un amplio establecimiento de campo. Los inmigrantes agricultores fueron invitados a poblar aquellas tierras, para dedicarlas especialmente al cultivo del trigo y a la fabricación de harina, en la confianza de que los establecimientos agrícolas habrían de prosperar en Entre Ríos en razón de la fertilidad de sus tierras y de la cercanía con Buenos Aires.

“Según J. A. Beaumont —hijo del presidente de la Asociación y autor de Viajes por Buenos Aires, Entre Ríos y la Banda Oriental— la empresa colonizadora se vio alentada por la firma del tratado entre Gran Bretaña y la Argentina, en 1825, y por las promesas efectuadas por el gobierno de la provincia de Entre Ríos. Al parecer, las autoridades entrerrianas habrían ofrecido a los colonos ingleses los siguientes privilegios por el término de diez años: a) exención de tasas y contribuciones de cualquier naturaleza; b) exención del servicio militar; c) exención de pagos de derechos en los artículos de necesidad para los colonos; d) exención de pago de impuestos sobre los productos de su trabajo.

“No obstante que todo hacía suponer el éxito de la empresa, bien pronto comenzaron a surgir las dificultades. Según Beaumont, desde el momento de la llegada de los colonos a Entre Ríos, en lugar de la ayuda y la asistencia prometidas por los hombres de Buenos Aires y los privilegios y la protección ofrecidos por el gobierno entrerriano, los colonos no recibieron más que impedimentos y agravios de unos y otros.

“Beaumont dedica todo un capítulo de su libro a historiar —desde su punto de vista— los abusos y atropellos que habrían debido soportar los colonos establecidos en Entre Ríos. Así, los afincado en la Calera de Barquín ‘desde el tiempo en que llegaron habían sido hostilizados y saqueados por los supuestos amigos de la provincia, más aún que por los brasileños- estos últimos se les habían alzado con los barcos, pero los primeros los habían hecho victimas de hurtos y de pillajes hasta llevarles todo lo que tenían. Ni las leyes ni las autoridades de la provincia les daban protección alguna’.“En un establecimiento situado a tres millas de la Calera, Beaumont encontró a ‘unas veinte personas sentadas en sus casuchas sin hacer nada; tenían algunos sembrados de cereales y huerta de legumbres en cultivo, pero como estaban resueltos a trasladarse a Buenos Aires, habían interrumpido todo trabajo’

.José María Rosa relata el proceso de ingreso de inmigrantes: “La primera tanda de 50 agricultores de los suburbios de Glasgow se embarcó en febrero de 1825. A fin de año lo hizo la segunda, desde Liverpool, que alcanzaba a 200, y en marzo de 1826 la tercera, también de 200 colonos. Encabezaba esta última el hijo de Barben Beaumont, mientras debía ocuparse de los primeros Sebastián Lezica, quien regresaba al país con ellos. Llegan los agricultores. El primer contingente de la Agricultural, debía ir a San Pedro, pero nadie sabía nada acerca de la concesión prometida por Rivadavia y se suponía que la sociedad había comprado un campo. Nadie se hizo cargo de los viajeros en la rada, y Lezica dejó el cometido a un tal Mr. Jones, empleado con buen sueldo de la Compañía, que tampoco mostró mayor diligencia. Abandonados a su suerte, los inmigrantes se enrolaron en los cuerpos de línea y en la marina, necesitada de voluntarios para la guerra con el Brasil y algunos se quedaron en Buenos Aires ganando los buenos salarios que por ese entonces obtenían los artesanos. Sólo unos pocos consiguieron ser llevados a San Pedro por su insistencia ante Lezica y Jones, para encontrarse allí que tampoco nadie estaba enterado de la concesión, mientras el Juez de Paz les recomendaba que se volviesen no más a Buenos Aires. Cuatro se quedaron porque les gustó la vida nómade de los gauchos. Ante las quejas de Londres, Lezica adquirió para la Agricultura un campo en Entre Ríos, donde mandaron al segundo contingente proveniente de Liverpool. Lo hizo directamente desde Ensenada para impedir que los nuevos inmigrantes se dejaran seducir por los primeros, que habían sido captados por Buenos Aires, y se negaran a trabajar en el campo. Sin embargo, la empresa también fracasó.

Aunque el campo de Entre Ríos por lo menos existía, Lezica no envió los enseres y útiles de labranza remitidos por la Agricultura desde Londres, porque prefirió embargarlos provisionalmente para resarcirse de los gastos ocasionados por la compra del campo. La vida se hizo sumamente dificultosa para los ingleses en Entre Ríos y acabaron por abandonar la colonia y regresar a Buenos Aires a ganar buenos salarios como peones de saladeros o artesanos.

”Bibliografía: Urquiza Almandoz, Oscar F. Historia Económica y Social de Entre Ríos

Fotografia: , Ruinas de la calera Barquín

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