De "Arroyo de la China" a los autohomenajes políticos: la fascinante historia detrás de los nombres de los pueblos entrerrianos

De “Arroyo de la China” a los autohomenajes políticos: la fascinante historia detrás de los nombres de los pueblos entrerrianos

De "Arroyo de la China" a los autohomenajes políticos: la fascinante historia detrás de los nombres de los pueblos entrerrianos

La identidad de Entre Ríos está escrita en sus mapas, pero las historias detrás de los nombres de sus pueblos y ciudades esconden tensiones políticas, devociones religiosas y curiosidades insólitas. La toponimia provincial revela una notable riqueza donde conviven las raíces de los pueblos originarios con las decisiones arbitrarias de gobernantes y empresarios ferroviarios.

Originalmente, la región estuvo marcada por términos de origen remoto, principalmente guaraníticos, que bautizaron tanto accidentes geográficos como los primeros asentamientos humanos.

La huella de Rocamora y el veredicto de los vecinos

El fundador Tomás de Rocamora implementó una fórmula particular para bautizar a las villas de la región: combinaba una denominación religiosa con una referencia geográfica. Así nacieron originalmente Concepción del Uruguay, San José de Gualeguaychú o San Antonio de Gualeguay. Con el tiempo, el uso cotidiano de la comunidad terminó imponiendo la brevedad, eliminando el “San” de las últimas dos.

El peso de la costumbre popular siempre fue decisivo. Un claro ejemplo es Paraná, ciudad que durante décadas después de adoptar su nombre oficial siguió siendo llamada por sus habitantes como “La Bajada”. Un caso similar de combinación entre fe y geografía local se replica en Rosario del Tala.

Nuestra propia ciudad, la hoy “Histórica”, fue fundada el 25 de junio de 1783 por Rocamora, reuniendo a familias instaladas en las cercanías del Arroyo de la China y el río Uruguay. El fundador le pidió al virrey Juan José de Vértiz que la Virgen de la Purísima Concepción fuera la patrona del asentamiento. Aunque el nombre oficial unió la devoción a la Inmaculada Concepción con el río Uruguay, durante décadas los vecinos se resistieron al cambio y la siguieron llamando afectuosamente Arroyo de la China.

La avanzada del siglo XIX: trenes, terratenientes y “extranjerización”

Durante el siglo XIX, el Estado y las compañías privadas de colonización y ferrocarriles comenzaron a imponer nombres que pocas veces respetaron el pasado del lugar. La figura del general Justo José de Urquiza se multiplicó en la geografía provincial e incluso se dio en vida del caudillo, como ocurrió con la fundación de la colonia Villa Urquiza en 1858.

Este fenómeno de suplantación toponímica fue analizado en la literatura histórica nacional, donde se cuestionó cómo, bajo el argumento de homenajear a próceres, se desvinculó el paisaje de su verdadera historia. Un caso emblemático extraprovincial —pero que ilustra la época— fue la transformación de Fraile Muerto en Bell Ville por impulso de Sarmiento, buscando cambiar un nombre percibido como “atrasado” por uno de impronta británica y “progresista”.

En esa misma línea, la estación cordobesa Monte Buey pasó a llamarse formalmente Woodgate por la empresa ferroviaria Central Argentino. Sin embargo, los paisanos del lugar no podían pronunciarlo y le decían “Bogati”. El propio dueño de las tierras, horrorizado por la italianización de su apellido, pidió restituir el nombre criollo original.

La era de los autohomenajes en Entre Ríos

En 1911, una ley entrerriana legalizó estas designaciones al permitir que los fundadores propusieran los nombres de los pueblos y colonias. Esto desató una ola de homenajes a funcionarios que, en su mayoría, estaban vivos y ejerciendo el poder:

  • Gobernador Basavilbaso: La estación (habilitada en 1887) recibió el nombre de Clemente Basavilbaso mientras ocupaba el sillón de la gobernación (1887-1890).

  • Gilbert: Bautizado por decreto en 1890 en honor a Torcuato Gilbert, entonces ministro de Basavilbaso.

  • Faustino Parera: Estación del departamento Gualeguaychú inaugurada en 1909 para condecorar al gobernador en funciones (1907–1910).

El caso más paradigmático fue el del gobernador Eduardo Racedo, cuyo apellido se multiplicó en la provincia. Tuvo la estación General Racedo (departamento Paraná), la Colonia Racedo (departamento Federación, rebautizada en 1968 como “Paraje Guayaquil” por los vecinos para evitar confusiones) y la localidad de Cerrito, cuyo nombre fundacional era Pueblo Gobernador Racedo. Incluso la Colonia Celina (departamento Paraná), fundada por el exgobernador José Francisco Antelo, fue nombrada así para homenajear a su propia esposa.

Los empresarios ferroviarios tampoco se quedaron atrás. Lucas González recuerda al abogado mendocino que dirigió el Ferrocarril Central Entrerriano, mientras que la localidad de Holt-Ibicuy rinde honores a Follet Holt, un influyente administrador ferroviario británico de fuerte pisada en Sudamérica.

De colonias judías a marcas de extracto de carne

La evolución de nombres complejos tiene un gran exponente en San Jaime de la Frontera. Comenzó siendo Villa Fronteras o Villa Miño (por un estanciero local). En 1922 se instaló la estación ferroviaria San Jaime, pero en 1935 la villa se fundó oficialmente con el nombre de Juan B. Arruabarrena. La insistencia de los vecinos hizo que en 1956 adoptaran el nombre de la estación ferroviaria, consolidando en 1966 su denominación actual.

Por otra parte, la colonización judía en la provincia también dejó su impronta a través de los directivos de la Jewish Colonization Association. Así surgieron Pueblo Cazés (por David Cazés, administrador de la compañía del Barón Hirsch) y Colonia Walter Moss en el departamento San Salvador.

Quizás uno de los casos más curiosos de la provincia es el del departamento La Paz con la llegada de la empresa cárnica británica Bovril. La localidad homónima adoptó el nombre del extracto de carne que producía la firma, una palabra de origen bizarro que une el prefijo griego “bo” (buey) con “vril”, un término extraído de una novela de ciencia ficción decimonónica (The Coming Race) que hacía referencia a una energía mística utilizada por una raza superior subterránea.

De la misma empresa surgieron Colonia Avigdor (por el directivo Sir Osmoud Avigdor Goldsmith) y Pueblo Sir Leonard (originalmente llamado Ellison por el gerente general Jorge Ellison y modificado luego para homenajear al ejecutivo Leonard Cohen). Curiosamente, el nombre del mismo empresario corporativo, Leonard Cohen, también bautizó a otra colonia judía en el departamento Villaguay.

Finalmente, el mapa entrerriano guarda espacio para la realeza europea: Colonia Jubileo, en el departamento Villaguay, debe su nombre a una conmemoración realizada en Inglaterra para celebrar el jubileo de la Reina Victoria.

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