El héroe de Gualeguaychú que desafió los hielos eternos y fundó la geología nacional

El héroe de Gualeguaychú que desafió los hielos eternos y fundó la geología nacional

El héroe de Gualeguaychú que desafió los hielos eternos y fundó la geología nacional

El 14 de abril de 1880 nacía en Gualeguaychú un hombre destinado a inscribir su nombre en las páginas más gloriosas de la exploración mundial: José María Sobral. Aunque la memoria colectiva lo recuerda con el rango militar de “Alférez Sobral”, su legado más trascendental superó las filas de la Armada para consolidarse en la investigación científica, los estudios geológicos y el desarrollo de la minería soberana.

La familia Sobral ostentaba un profundo arraigo en el sur de nuestra provincia, remontándose a principios del siglo XVIII con la llegada del español José García del Sobral. De ese linaje nació Enrique Ramón Sobral, un escribano de la ciudad que junto a Luisa Iturrióz tuvo ocho hijos, siendo José María el mayor de ellos. Tras cursar sus primeros estudios en su Gualeguaychú natal, a los diez años se trasladó a Buenos Aires. En 1894 ingresó a la Escuela Naval Militar, de donde egresó como guardiamarina en enero de 1898.

Dos años atrapado en la inmensidad blanca

En 1901, con apenas 21 años, el joven alférez se convirtió en el primer argentino en invernar en el continente blanco. Su hazaña se concretó al integrarse a la prestigiosa expedición científica sueca liderada por el doctor Otto Nordenskjöld, en una época donde las potencias europeas competían ferozmente por descifrar las últimas fronteras del planeta.

La aventura zarpó del puerto de Buenos Aires el 21 de diciembre de 1901 a bordo del Antarctic, un buque comandado por el experimentado capitán Carl Anton Larsen. Sobral era el único argentino en una tripulación de 29 hombres, mayoritariamente escandinavos. Cuatro días después de zarpar, celebraron la Navidad en alta mar de una manera inolvidable: el navío izó las banderas de Suecia, Noruega, Estados Unidos y Argentina en sus mástiles. Mientras un tripulante tocaba los himnos nórdicos en su acordeón, el entrerriano hizo sonar las estrofas del Himno Nacional Argentino en su gramófono, despertando un aplauso cerrado en medio del océano.

El 10 de enero de 1902 la expedición tocó tierra en la isla Seymour (hoy isla Marambio). El grupo liderado por Nordenskjöld y Sobral montó un campamento con una casilla de madera en la isla Cerro Nevado —estructura que aún hoy se conserva como monumento histórico— para pasar el invierno, mientras el Antarctic ponía proa hacia las Islas Malvinas con la promesa de regresar a buscarlos.

Sin embargo, los planes de la naturaleza fueron otros. El barco quedó atrapado por la presión de los témpanos de hielo y naufragó. Completamente incomunicados y aislados del mundo, Sobral y sus compañeros se vieron obligados a resistir un segundo e imprevisto invierno antártico en condiciones extremas. El rescate definitivo llegó recién a fines de 1903 gracias a la histórica y heroica misión de la corbeta argentina Uruguay, comandada por el teniente de navío Julián Irízar.

De las armas a las ciencias: el primer geólogo argentino

Aquella odisea en los hielos transformó la vocación de Sobral. Decidido a volcarse por completo a la ciencia, solicitó un permiso a la Armada para estudiar geología. Ante la sorpresiva negativa de la fuerza —que incluso le denegó una licencia sin goce de sueldo—, el entrerriano tomó la drástica decisión de renunciar a su carrera militar.

Invitado por su compañero de aventuras, Nordenskjöld, viajó en 1905 a Suecia gracias a una beca. En la célebre Universidad de Upsala se doctoró en Geología en 1913, convirtiéndose formalmente en el primer geólogo con título de nuestro país. Su prestigio científico creció rápidamente en Europa, liderando campañas de investigación en Suecia, Finlandia, Rusia, Suiza, España, Francia e Inglaterra. En tierras escandinavas formó su familia, se casó y tuvo nueve hijos. Su relevancia internacional fue tal que un mineral descubierto en Suecia en 1913 fue bautizado como “sobralita” en su honor.

El regreso a la patria y la defensa de la soberanía

A fines de 1914, Sobral decidió regresar a la Argentina para volcar sus conocimientos en el desarrollo estratégico nacional. Se incorporó a la Dirección General de Minas e Hidrografía, escalando hasta ocupar la Dirección de Minería entre 1922 y 1930, período en el cual se transformó en uno de los grandes mentores de la primera ley de minas del país.

Como funcionario y científico, recorrió incansablemente el territorio nacional:

  • Inspeccionó los yacimientos de carbón y hierro en el norte del país.

  • Estudió el cobre en los basaltos de la región del Paraná.

  • Evaluó los metales preciosos en Mendoza y el Famatina, y los recursos hídricos en Catamarca.

  • Viajó a la Puna para defender los boratos nacionales ante denuncias de monopolización por parte de corporaciones extranjeras.

Tras un breve paso como cónsul en Noruega en 1930, regresó al país en 1932 para sumarse al equipo de geólogos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), donde desempeñó funciones hasta su jubilación en 1935.

A pesar de que sus constantes proyectos para reactivar las campañas de investigación científica en la Antártida fueron recurrentemente cajoneados por los gobiernos de turno, Sobral dedicó las décadas de 1940 y 1950 a dar conferencias y publicar ensayos fundamentando los derechos geográficos e históricos de nuestro país sobre el continente blanco. En sus escritos, con un tono firme y adelantado a su época, sostenía con total convicción que en el territorio antártico ningún derecho era más auténtico que el argentino.

Autor de obras fundamentales como Dos años entre los hielos, Problemas de los Andes Australes y La frontera argentino-chilena en el canal de Beagle, José María Sobral falleció en Buenos Aires el 14 de abril de 1961, exactamente el mismo día en que soplaba las 81 velas de su nacimiento.

Contenido generado con asistencia de Inteligencia Artificial, verificado y editado por nuestro equipo editorial.

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